“Me senté a sus pies y mi alma se estremeció. Quise pararme a servirle y me dijo: Quédate quieto aquí y deja que te ame. Recosté mi cabeza en su pecho y su palpitar despertó mi espíritu. Mis ojos se abrieron y la ternura en su rostro terminaron de partir mi orgullo y desde entonces ya no soy el mismo. Seguí llorando de impotencia pero lleno de su presencia”. Serafín Contreras G.
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Hermoso pensamiento,
Gracias x compartir
Me gustaria q pongan mas pensamientos con postales como esta.
Dios los bendiga grandemente!
DIOS es maravilloso, necesito confiar en EL,