“Y no habrá dios capaz de librarlos de mis manos”

Uno de los grandes imperios del mundo antiguo fue Babilonia y uno de los reyes que la historia recuerda es el rey Nabucodonosor. En la Biblia podemos encontrar referencia en el libro del profeta Daniel, en el Antiguo Testamento. En el capítulo 3 se narra como un día este rey decide erigir una estatua de oro, ésta tenía unos 27 metros de alto y unos 2,7 m de ancho. La Biblia no específica si esta era de oro macizo o si representaba un hombre, un dios o por sus dimensiones, un obelisco, lo que la Biblia si afirma es el hecho que este rey decretó un edicto que obligaba a todos los seres de la tierra a inclinarse ante la estatua y adorarle, de lo contrario quien no lo hiciera sería irremediablemente arrojado a un horno en llamas.
Pues, tres jóvenes no aceptaron tales condiciones, servían al Dios Altísimo y no estaban dispuestos a inclinarse ante otros dioses ni a adorar a ninguna otra cosa fuera de su Dios. El rey por medio de unos astrólogos que acusaron a estos muchachos se enteró de la situación y les mandó a llamar para retarles al decir que si no obedecían no habría dios capaz de librarles de su mano. He aquí las poderosas palabras de estos jóvenes ante las de Nabucodonosor: