Hay veces en que es difícil creer en el futuro, en que por un tiempo

La Esperanza es el mecanismo que mantiene al ser humano tenazmente vivo, soñando, planeando y construyendo.

La esperanza no es lo contrario del realismo. Es lo contrario del escepticismo y la desesperación. Los mejores especímenes de la humanidad siempre han albergado esperanza cuando no había salida, han conseguido sobrevivir a circunstancias imposibles y se las han arreglado para construir algo cuando no disponían de muchos elementos a partir de los cuales hacerlo.
«El corazón alegre es una buena medicina»,
afirman los Proverbios de Salomón.

Esta sabia afirmación se ha comprobado una vez más en nuestros tiempos.

Después de la Segunda Guerra Mundial se verificó que los prisioneros de guerra estadounidenses que estaban convencidos de que vivirían para contarlo y centraban su actitud y sus pensamientos en el futuro salieron con muchos menos traumas que los que pensaban que no volverían.